Friday, January 31, 2003

Encima de la mesa de C. hay una caja gris, con letras doradas en la tapa, caracteres chinos, y en alfabeto latino, The treasure of Taiwan, la polaca me acompaña así un poco en mi periplo alemán. Justo cuando iba a salir a la calle alemana que me permitiría algún arranque místico de viajero, se ha puesto a llover de manera salvaje, así que aquí permaneceré.
El croata. Así no puedo introducir el tema, demasiado brusca entrada musical. En mi mente ya entraba el tema croata como el de una tropa a caballo, más como cosacos o mujiks, pero Croacia está en el Mediterráneo y no en el Báltico, así que dejaremos aquí esta entrada pequeña de trombones para luego desarrollarla en el segundo movimiento con violas y clarinetes, así ha sido, así fue.
El cuarto de C. tiene ventanas alemanas, moqueta alemana, edredón alemán o sólo extranjero, sin sitio para embozos de sábanas o sábanas. Esta mañana se fue C. a trabajar, tarde, le di un masaje en la espalda, él me dio un beso, anoche vimos Amélie, anoche vimos cosas antiguas, cosas con antigüedad de seis años, él me contó cosas que no podré decir aquí o amanecerá ahogado en las aguas del río de Munchen, cuyo nombre tendremos que averiguar: Isar; anoche no le dije lo que me gustaba estar anoche con él.
Estoy en la Ciudad y no me hace falta salir a la calle aunque me gustaría, para saber que estoy en la ciudad. Oh sí, me gustaría ir de nuevo a la Mariannenplatz, a la fuente con el pez globo desde la que, en cuyo pretil apoyada, vimos subir las escaleras de la estación del metro a un croata con abrigo tres cuartos, croata dandy, camiseta, croata loco, pendientes de Shakespeare, croata pirata. Y C. me había llevado a ver la ciudad inventada por él, la ciudad mejor que la verdadera, ésa que tengo que contar después de volver a verla sola, ahora, luego, cuando deje de llover, o ya, y la lluvia nos purificará lo ya purificado, lo ya resuelto, lo ya desencadenador, y casi, desencatenador. Pero quiero que vuelva C. a casa, mi viaje a Munchen es a través de él, casi salir de exploración es una traición a C. Cicerone. Pero necesitamos alimento, algún tipo de salchicha o paté de carne bávaro, algo que nos llene y nos haga seguir hasta esta noche.
He estado en la ciudad, he comprado un monedero rojo porque el monedero de invierno inglés ha muerto, ahora mi monedero lo he comprado sola y a nadie le he preguntado, ahora mi monedero es de una ciudad en la que sola he cogido metros y calles y lluvia y no hablo alemán, ahora el monedero es un poco croata y un poco traición y un poco will I still be good, un poco guapa como estoy estos dos días y un poco ansiosa y plena y contenta y Dani muriéndose y yo viva como una lechuga recién lavada.
Hablo de un sábado por la noche como del camino de Damasco, cuando los que allí estuvimos sabemos que no es así, los que allí estuvieron vieron una fiesta, un sábado por la noche, cosas que triviales acontecen chez tout le monde, pero yo necesito darle peso a las cosas, necesito que no poder abrir la puerta signifique algo, que un croata me llame Immer, siempre, signifique algo aunque el sexo en su casa no fuera lo que nos gusta del sexo, sino sólo sexo sin más, yo sólo necesitaba su casa su boca mi dolor por él provocado como excusa. Y Miha sube la escalera o se descuelga por la barandilla y no tiene importancia, y si yo lo miro tampoco tiene importancia, pero si yo lo miro para que perdure o para que sea mi tránsito, su gesto pequeño de llamarme Immer puede significar lo que yo quiera, su cocina blanca y su taza de Praga significarán lo que yo quiera, y nada que me indique que la realidad es sólo realidad y que nada tiene el peso que le otorgo, ése es el peso que le otorgo y así se quedará.
Y por eso ahora puedo decir que estoy maldita y que volver me costará trabajo y quedarme me costará Dani a lo mejor pero no sé si quiero volver. Llevo dos vidas y esta es la primera vez que veo mi vida del lado soñado, del lado reflejado, del lado de al lado. El sexo una vez más como símbolo iniciático y ni siquiera el sexo, sólo el vale de compartir cama y ruido y expectativas de una noche, y la noche siguiente cualquier recaída seré inevitable, estoy maldita, qué puedo decir, here I belong, aquí permaneceré anclada hasta que ya sea demasiado tarde, cuánto necesito vivir en una novela, una vida como literatura.
¿He perdido mi alma? He perdido mi alma, he entrado en una senda tipo maldita tipo Beaudelaire o Poe (mi mano en su mano, mis ojos en los ojos de Ligeia), ahora pertenezco de nuevo a mi raza, siento mi sangre corriendo nueva o el anuncio de la primavera, vuelvo al otro lado. ¿Podría regresar de nuevo al camino de mi alma? Sé que sí pero quiero pensar que no, porque hace tiempo que doy pasos contra mí misma, hace tiempo que niego la llamada, y estoy tanto mejor aquí. Siempre a este lado del muro las canciones repetidas pesan más que en ese lado al que me resigné y cuando se hacen resonar los tacones en el asfalto significa algo, y el ruido de mis pulseras significa algo. En el lado de las cosas malas todo brilla más porque todo se apagará más pronto, pereceremos y no reinaremos en las tinieblas, y yo compré el doctor Faustus la semana pasada y su engrandecimiento por el pacto en Munich me señala que el engrandecimiento por el pacto en Munchen es lo que quiero aunque pague con mi sangre y con mi vida.
Dicen que Plutón está en mi signo este año. Debe de ser verdad, pero nunca fue más embriagador y poco doloroso un descenso a los infiernos.
Ahora es de noche y C. y yo nos quedaremos en casa, veremos una peli o haremos nuestra propia peli, la ciudad se quedará fuera hasta que Miha vuelva, hasta que mañana por la mañana vaya ella a la ciudad a husmearle el pulso a esa ciudad que será su ciudad por un día y hasta el miércoles por la tarde. ¿Querría ella conseguir un poco más de tiempo? ¿Querría ella adueñarse un poco más de la ciudad, ganarse su derecho, domarla entre sus manos o su boca o su corazón engrandecido? Sería ella capaz de esa muerte suicida, de ese descenso sin retorno en el que ya está metida hasta más que pasado el calcañal. Si vuelvo a utilizar terminología bíblica es que definitivamente he resurgido, soy de nuevo Babilonia.
C. me llama y me dice que le ha contado a Miha que tengo novio y que hoy no quedaremos con él porque él, C., está cansado, pero creo que es porque me quiere para él solito. Llamaré al croata porque como estoy maldita ya no importa nada de lo que haga y mi comportamiento histórico quiero que esté a la altura de la historia, quiero dejar tantas huellas en su camino que le sea imposible borrarlas, quiero clavarme en la piel del croata, en los huesos visibles del croata, lo necesito, necesito en su vida un trocito mío, mi goma del pelo olvidada en su cama, el libro de Poe abierto sobre la cama, mi piel trabajada en su cama, mi voz crecida en su guitarra, el café soluble elevado a categorías turcas, una toalla mojada elevada en la tarde tan oscura.
Miha tenía la cara del francotirador que pudo ser, y seré una colgada o una romántica o sólo una idiota, pero me gusta imaginar la vida de un ingeniero croata de 25 años, pelirrojo sucio o pelirrojo cansado, un croata que cuelga de la puerta del cuarto de baño una camiseta de la República Dominicana, un colgante con jade verde e ídolo precolombino, colgante que se pone para lamerme debidamente dolorosamente ese lugar cuyo nombre en croata parece un nombre de gato, colgante que yo le quito y me pongo y luego él me arranca, demasiados fantasmas en la cama, en la estantería del salón, pendientes de mujer, el croata enamorado pudiendo leer El principito en distintas tres ediciones, el croata sutil usando Ángel, oliendo suave y dulce como un croata puede ser, sin bayoneta sin brutalidad, en inglés, maldito idioma, imposible vehículo, un idioma común ojalá hubiéramos tenido, al menos tuvimos
un alcohol común.
Y ahora el croata sorprendido por mi llamada irá a la oficina de correos y luego se irá a casa sentado en un banco del metro y pensará en mí y pensará que mañana lo llamaré y que mañana lo veré y mañana tendré que hacer un trabajo de pasamanería tan premeditado que será el peor de los pecados, pero el croata crece porque en un bar el croata se iba y yo lo seguía con la mirada temiendo que Miha no fuera un poco mío en la ciudad, temiendo que una vez más me iría derrotada y cargando con el yugo de unos ojos, temiendo que she is so fuckin´ cool sólo significara she is so fuckin´cool, que Immer sólo fuera un juego de palabras en una papelería, papelería a la que iré mañana a buscar un libro para poder ponerle a Miha en la primera página algo sobre el paso del tiempo y el placer, un libro porque es tan difícil deshacerse de un libro, y si no perduro me muero, porque si esto pasa me muero y cuando esté muerta sólo estaré muerta, y necesito que en el mundo croata alguien se recueste una vez y vea el brillo de mis ojos y recuerde el sabor de lo que soy, aunque sólo sea un leve minuto de su vida futura, aunque no escriba ni una novela croata ni una sinfonía croata, sólo porque me empeñaré en que así sea y así será, sólo porque ahora estoy guapa y podría estar tres días sin comer, sólo porque él estaba agradecido de tenerme entre sus brazos, exultante de mis piernas, y ese entusiasmo terminó de acabar conmigo, aunque el sexo sólo fuera sexo y no la llave o un orgasmo, pero estar en una cama de un croata que subió las escaleras del metro y me miró era bastante para mí.
El dueño del piso de Casto, que se llama Uwe y vive aquí, es pájaro raro y solitario pero ha aceptado mis galletas y ha venido conmigo en el metro hablando en francés con una chica con gorro y pañuelos rojo y violeta al cuello, una chica que ha subido escalones de escaleras de metro taconeando sus botas, una chica bajo lluvia alemana sin paraguas y ni falta que le hacía. Ahora Uwe está en su salón cenando y ella teclea en el ordenador de su anfitrión palabras y más palabras que la desbordan porque, nadie sabe por qué, porque se ha atrevido a traspasar los límites que no eran suyos, porque deseó y robó lo deseado, porque está cansada de su fardo y de bordear las fronteras, de nunca visitar el centro de su vida, de pensar en la Guyana, cuando ella quiere ir a Londres París su corazón, fiestas en las que pueda bailar en calcetines sobre las alfombras canciones pop, cuando ella se ha vuelto rebelde y desposeída, cuando ella tiene 27 años y un planeta sacándole estelarmente las enterradas raíces, cuando ella se come una manzana sin sabor o con sabor holandés, cuando ella puede llegar donde se proponga, alcanzar las cimas más altas de la podredumbre, ya ella no quiere los bajos valles de su alma y de la tranquilidad, ella quiere escalar hasta el centro de la tierra hasta su más profundo demonio, hasta su pequeño demonio que no descansa y la llama y la quiere y la busca para vivir, le toca una pequeña melodía, una cancioncita de nada y ella no dormirá o dormirá y soñará que todo se resuelve, que se abre la puerta de su salvaje yaciente súcubo
entre sus pasos se encumbra un grito
y en el grito está su nombre, su voz de ella con nombres, su ella cansada y reblandecida de no vivir o de vivir la vida que no es suya y es buena pero no es suya. Ahora estamos malditos y no nos importa, iremos a la fiesta del Diablo, nos pondremos el mejor vestido, dejaremos sus hombros desnudos y fragantes de Nivea, dejaremos que ella elija un caballero por esa noche porque será de noche y las noches hay que bendecirlas, la dejaremos vivir un tiempo, la dejaremos suelta, hasta que esté tan dolorida y asqueada de vivir que necesite de nuevo descansar, hasta que le sangren tanto las heridas y el dolor de la maldición que tenga que tirarse frente a la puerta de sí misma a descansar.
Ahora el mecanismo anda anda anda y rompe los palitos que largos años ella ha puesto en las guías de las ruedas para parar el movimiento inefable de su demonio su desazón se desarraigo, ahora su vida de ella pide más, pide tributo, el sacrificio de su isla tranquila, podrá ella pagar ese precio, podrá ella llegar a otra ciudad sola y allí instalarse con su maldición y hacerla florecer, no se puede abandonar el camino del alma para anodinamente vivir, tendrá que hacer más ruido, llevar más pulseras, cantar más fuerte (y cuando ella canta, vive y se desencadena el bicho demonio, cuando ella canta se rompe el hechizo que la ata al amor que la lleva en su viaje a China, las cosas puras y tan limpias y transparentes que no la dejan respirar).
Lo mezclo todo y uso a un croata alto como excusa. Pero no puedo evitar poner a un croata alto en medio de todo esto porque así mi pecado se embellece, atento contra la vida de los buenos, contra la santidad de las cosas y necesito poner a Miha mirándome para que mi paso hacia el abismo sea un poco como una novela y no el simple hastío la cobardía de necesitar un desencadenante, un cristalizador. Y ahora de pronto pienso que quizá soy una criatura asustada y que no seré capaz de seguir mi caída libre hacia el abismo del demonio mío.
Voy de nuevo a Haupt-banhof, a ver a un croata loco que va a Correos todos los santos días, un croata que prefiere la tierra de nadie de la Ciudad a ese espacio suyo invadido por mí, eso me gusta, me gusta porque tendré que desplegar una estrategia que será: sinceridad brutal, es mi único camino a la inmortalidad, no puedo planear, roturar, pintarme los labios, lo mejor será decirle la verdad, que estar con él ha sido como subir al metro sin ticket, que si me hubiera ido de Munchen sin vesarlo mi vida se hubiera podrido un poco más y yo me hubiera respetado aún un poco menos, hubiera llorado una noche sí y otra no y hubiera escrito extrañas torturas lingüísticas por no atreverme a decir: quise vesar a un croata y no lo hice. Le miento a Dani, no sé cómo acabará esto, dónde acabaré yo. Casto me pregunta dónde dormiré esta noche, a mí me gustaría tanto saberlo…
Hoy es martes. Anoche se espesó la vida como una compota, anoche la noche se agrió como una compota vieja, hoy ha nevado y ahora el cielo se despeja. Dani me ha escrito unas tres cartas estos dos días, yo me acicalo como un gatito, son las dos de la tarde, no he comido, espero lentamente, me voy a la calle, llamo a Miha, que me llamará, me pierdo para siempre, porque Miha es de ésos que pueden decir que no.
El tiempo es bueno para mí ahora, ahora puedo pasear con mi camisa elegida entre las miles que transporto en la maleta, no tengo buen aspecto, sick I do look, me como una galleta rellena de naranja, entonces noto que si no como moriré, pero no tengo ganas de comer, podría llorar pero no lloraré hasta que no esté sola, no hasta que vuelva a ese agujero en el que me escondo. Empezaré a buscar un trabajo de verdad en cuanto llegue a casa. A casa, qué falacia. Ahora me voy a la Ciudad que es mil veces mejor que una casa.
Ocho cuarenta y seis de la mañana, acabo de llegar de casa de Miha, de Miha, de los brazos besos cosas de Miha, de una noche de aniversario como debieran ser las verdaderas noches de aniversario, pero él no me pidió que me quedara, él me pidió que me fuera, dios mío, me ha pedido que me vaya, así que ahora no puedo irme, no puedo irme, no puedo irme. Su nombre, su estación, su casa, lo que no se cumplirá, por todo eso que nunca sucederá necesito un tercer round, un último round, la última oportunidad de acabar de trazar mis huellas. Y todo lo que ha pasado, lo sagrado y la suciedad, los cafés, sus ruidos, su humming, mi toalla del domingo aún colgada en su ducha, mi goma del pelo en sus sábanas, Miha paseándome por la ciudad, Miha sólo Miha tan alto y tan desayuno, tan excusa, tan puerta cerrada entreabierta delante de mi nariz, Miha haciendo la colada, Miha preparando su cama perfecta, Miha hasta los veintitrés años estudiando en Zagreb, Miha poniéndome música, asombrándose todavía de cosas que ya abandoné hace tiempo, Miha no haciéndome daño, Miha dándome agua, dándome sexo, dándome la Tierra, dándome palabras croatas que no recordaré, Miha que siempre será pelirrojo cansado en Munich, banderita en el mapa, Miha, por favor, pídeme que me quede aunque me vaya, Miha por favor tócame, abrázame, agárrame durante la noche, dame un sitio pequeño mañana, sólo mañana, sólo un tercer y último día, no hay dos sin tres, no puedo irme a casa así, Miha, no puede ser, si hoy cojo ese autobús moriré congelada en Metz, moriré muerta en Metz, lloraré tanto que nadie podrá creerse que sólo un croata, que sólo la vida viva me hace llorar así. Miha, llámame y pídeme que me quede sólo como gesto, Miha, sólo como una tostada de Nutella, como mirándome y diciéndome amazing body, so nice, so fucking attracted, nice nice nice, dime lo que sea, dame una palabra más, sólo una palabra más, un beso más, cinco minutos más, media hora más, una noche más, llévame Miha a ese lugar donde mis piernas son fuertes y únicas y te pueden y te podrán, dime que te podrán aún una vez más, no hay nada que me importe ahora más, autobuses, despidos, París, me iré a París, kid, me iré a París sólo para ver si vienes alguna vez a visitarme, sólo por si alguna vez se pudiera cruzar un semáforo de Montmartre con un croata tan alto, contigo, Miha, mi vida se despliega, se cansa y se descansa, Miha, nevaba, yo no dormía, yo luchaba por convencerte sola en mi cabeza de que me pidieras que me quedara, un día más, jueves, hoy no, hoy vas a cenar, Miha, y no quieres que me quede, sólo era una noche y ya han sido dos, o sólo ha sido una, no quieres que me quede y yo sé que no debiera quedarme, pero ya es tarde y como ya es tarde quiero un poco más moribunda estar para que resucitar sea más corto.
Son las nueve de la mañana pero llevo horas despierta, años esperando a que sonara el despertador para ver si Miha me pedía que me quedara, para ver si el croata me miraba y me decía de nuevo imposible relationship, I will see you on Thursday but nothing will happen, lo que fuera, pero él, Miha, el croata, me abraza levemente, apaga el despertador, se ducha, viste, prepara café, tostadas con Nutella, me abraza no tan levemente, me echa cinco cucharadas de azúcar en la taza, me pone música de un croata estudiante, me echa para siempre, ya no quiere que lo domestique, sólo quiere que me vaya y no me quede.
Hago la maleta, me pregunto cómo meteré tantas cosas dentro, todo eso que traje ahora no cabe y no es una metáfora. Nieva y tengo que irme sin más tregua ni poesía, sólo irme y arrastrar la maleta por las estaciones de metro, ni siquiera por la ciudad que tan concurrida y amorosa me acogió anoche, la noche en la ciudad, cafés y personas tomando café en la ciudad, mi abrigo, un croata y yo en la ciudad, eso nunca más se repetirá, nunca más se repetirán tantas cosas y sin embargo se repetirán aunque nunca tendrán lugar; como espaguetis con mantequilla, miro por la ventana, sigo escuchando Alanis, mandé una carta a Croacia con Mulholland Drive dentro esta mañana, no sé cómo pagar mi ticket de metro de esta tarde, necesito un banco. Casto me llamará a las dos, le diré adiós, terminaré mi maleta, saldré de casa, dejaré la llave de Casto en el buzón, despacito avanzaré con mi maleta preguntándome de continuo si está bien que me vaya así, si es bueno para mí que me vaya así, si es bueno para Miha que me vaya así, por supuesto que lo es, vida croata adelante para nada interrumpida tocada mutilada, mejor así, una vez hubo una española del sur que habló con él en un restaurante griego sobre los pretéritos, hubo una vez con él una locuela chiquilla en su sofá su colchoneta su moqueta su cama y eso será todo y eso será todo para él, eso será todo para mí, por mucho que me empeñe en escribir teclear y caminar por la ciudad cogiendo frío, esperando que sea mañana para llegar y descansar o llegar y sangrar, mañana.
Los espaguetis están fríos, mi pulso estalla en mis brazos, mi estómago, viento sopla, maleta espera, yo espero, espero saber a qué juego, qué intento, qué quiero, adónde me lleva esto, these days, porque ayer lo toqué, toqué al croata, mi objetivo fijado un domingo por la mañana, tocar a un croata, y ahora el croata está tocado habido siendo, aunque su vida siga y sea mayor y esplendorosa yo toqué al croata y eso lo cambia todo, los días de marzo, el año 2017, las canciones que escuche a partir de ahora, mi voz, su voz, su perilla, mi barbilla, mi champú, un libro que rodará por su casa, un bicho en su barriga, me gusta Miha, me gusta, me gusta me gusta Miha, porque nada pasará y todo se quedará sin pasar, sólo nuestros dos días nuestro segundo día mi vida para siempre brisée, esas cosas que a nadie contaré porque no puedo, esas cosas que se me montan en los ojos porque he perdido la costumbre de vivir y de las bellas cosas, de cosas como las que un ingeniero croata puede hacerme a mí en la segunda planta de una casa alemana.
No he perdido mi alma, he perdido la carcasa en la que mi alma reposaba y se sentía segura y a salvo. Cuando llegue a Nancy pediré hora y me haré mi famoso y pospuesto tatuaje, mi pequeño verso que quizá me dé más orgullo de casta, más ganas, fuerza, ahora no me dolería hacérmelo, ahora sé que quizá el autobús patine en la nieve alemana y yo pierda la otra oreja y no me importa un carajo, estoy preparada, estoy fuckin´ ready para recibir las patadas, a caer derrotada una vez más porque una vez toqué a un croata y lo toqué y mi tacto en su vida quedará, la gente patinaba sobre el hielo, tomaba café con leche, Leverkaas, y yo sabía que ahora me tocaría morir un día y otro día más, pero
caminar por el césped con mis sandalias rojas aquel lunes en Gilze-Rijen mereció la pena, la espera y la sonrisa, andar por el césped un lunes a las ocho y media de la mañana mereció la pena, agosto, llueve, ando por el césped, sola, espero, y ahora camino hacia el autobús que me llevará y está bien irse ahora, ahora no me quiero quedar, ahora no quiero renunciar al brillo, al cansancio de hoy, a las pocas ganas de hoy.
Ahora tengo que irme, no escribiré más en este ordenador, no despeinaré más el pelo de Miha, Munchen será de nuevo Munchen bajo mis pies algún año, puede que volvamos y visitemos un museo, paseemos, pasear lentamente recordando en los pies el camino, la nieve, la espuma sucia en el asfalto, mis botas dignificadas por el ruido que han hecho al andar, el hambre arrastrada por la que nadie se preocupa, puede que una vez volvamos y ya todo esté tan lejos y no recordaremos el misérrimo dolor de ahora, la sensación plena de ahora, y es una pena que entonces no recordemos hoy por la mañana, ayer por la noche tan vívidos brillantes calientes ahora en la cabeza, hoy pasará, esta semana pasará, quizá no volvamos a Munich, y no será doloroso no volver, porque así no nos daremos cuenta de que se nos ha secado el recuerdo, el corazón, febrero.
He perdido la partida contra mi propia partida, me he rendido fácilmente, y ahora qué trabajo me cuesta cargar con la derrota triunfante. Aquí estoy pensando que, quizá, me quedaré. Hablo con Miha y le digo que si me quedo necesito que sepa que no me quedo por él y que no le tocaré ni un pelo, él se ríe pero me imagino que sabe que casi miento cual bellaca, me quedo y eso es lo que hay, ahora sólo tengo que hablar con Uwe y todo estará claro como el agua o la nieve antes de posarse contra el suelo; a Dani hay que decírselo. Me voy al centro.
Las personas que hay en esta ciudad y conozco se mueven hoy con rapidez, Miha va a una cena y me dice amorosamente que me invitaría a ir si no fuera porque no es una open thing, Casto no está muy contento con mi decisión, Uwe me ha dicho que le diga a Casto que si no baja la basura él le pegará una hostia, necesito ver a Miha, ese croata que se va a una cena y me dice amorosamente que me invitaría si fuera una open thing.
Casto me ha pedido que compre pan, no he comprado pan, quiero ir a cenar a algún sitio y luego me iré a pasear por la congelada ciudad, Casto quiere ir a casa de Mare, yo estoy enferma y soy incapaz de pensar con claridad o mínimo raciocinio, sólo quiero ir calle adelante, andar, andar y pensar y cantar un poco, bajito, sólo para mí, andar por las calles despistada y tan sin prisa porque no tengo prisa, aunque tendría que poner una lavadora, tendría que dormir, comer, dejar de pensar, volver a Pont, alejarme de este insensato intento de recuperar mi desquiciada personalidad, la caza del abismo del croata como la caza del orco, como ese empeño de acabar con la normalidad de los días y el continuo mismo amanecer de todos, todos los días. Soy una loca, soy una loca y tengo que vivir como una loca, volverme loca, no descansar, rebuscar entre la basura, mi basura, llegar hasta el fondo de cada pequeño resquicio de sensibilidad que me veo, cada pequeño momento de sensación que sea convertido en libros desplegados, esta manía mía de exposicionar mis tripas a la mínima, al menor contacto, acabará conmigo. ¿Y no es eso lo que queremos? No es lo que queremos eso, abrir todas las ventanas y puertas y ventanas del mundo, ser una pesada y no dejar de escribir tonterías, palabras y más palabras sólo para intentar existir.
Son las siete, casi puedo decir que se acabó el día para mí, a no ser por mi proyectado paseo, a no ser por mi proyectada vida. Qué más da, me voy pasado mañana, vuelvo a mi continente, claro que ahora todo es diferente, voy camino de París, cansada de bordear los caminos vamos a París, tendré una casa, un ordenador y muchas cosas que hacer, una vida por hacer, mis veintisiete años por hacer, aún nos queda Polonia por explorar, nuestra alma por explorar en el viaje de vuelta, y toda esta mierda que llevo catorce páginas escribiendo es:
estoy cansada de estar sentada esperando a que pase algo, estoy harta de ponerme gorda y no ser capaz de llevar las bolsas del supermercado, estoy harta de que mi vida vaya del frigorífico al rayon de légumes, del autobús de 0’75 euros a la Fnac, de mi casa a la cabina, de mi nada a mi nada. Estoy cansada de ser un estanque verde lleno de ranas, harta de ser buena y mentirosa, harta de llorar sola después del sexo, harta de ser un estanque estancado en 1997, en una princesa polaca, en mi gloria pasada, la vida es tan ancha, me quedan tanto tiempo y tantos croatas que no quiero seguir tejiendo cortinas, guardando cosas en cajas, guardando mi vida en una caja que se abrirá cuando ya sea demasiado tarde, y no nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc nunc.
No sé cuántas veces he escuchado esta canción desde que llegué. Me da igual. That I would be great if I was no longer queen. Permanezco frente a la pantalla para no pensar, mientras escriba no tengo que pensar, sólo tengo que decir lo primero que se me venga a la cabeza, mis quejosos estertores, mis delirios croatas, mi hambre, el tiempo que hace, lo que quiero que pase mañana, pero al menos así no tengo que pensar, sólo seguir línea a línea lo que serán páginas y más páginas de mierda que me harán llorar de incomprensión de aquí a una semana, que harán que me vuelva a sentir estúpida y naïve, sola y provocada, sin salida ni futuro ni calle de Munchen a la que dirigirse, llena de cosas que se apagan luego cuando desaparecen esos hombres delgados que me arrancan el espíritu de la piel y la capacidad de ver claro, que me hacen ver más claro, que me hacen ver que la verdad es un torso desnudo, una clavícula, un hueso mariposa, una cierta forma de abrazar, dar la vuelta, creer que estoy loca y desgarrada, las muñecas, nudillos, rodillas, rotuladas articulaciones que se clavan en un día y para siempre, la forma bajo la camiseta, el cuello enhiesto y la nuca preparada para mí, ésa es la verdad del último febrero y la de éste, de agosto y septiembre, espalda, hombro, codo y antebrazo, por eso respiramos, por eso encontramos nuestro camino de vuelta una vez más, camino que perderemos o puede que no. Me voy por las ramas, lo único que me pasa es que estoy colada hasta esos mismos huesos, y necesito esos huesos de los que hablo con la misma vehemencia que una buena cena, último último último round.
Escribo. Luego alguien leerá esto y sabrá lo que he escrito, adónde irán mis palabras, las leerá Dani, las leerá Miha que no sabe español, las leeré yo, las leerán los que creen conocerme y los que no, y yo sólo escribo para mí, para que no se me escape esta plenitud del deseo, esta sabiduría del deseo, esta destrucción del deseo, este hambre de mi deseo que no me deja respirar, sentarme, dormir, tener sed, horas, tener algo. Soy un filo, sólo un filo enfilado en mi deseo, la proa de mi mástil dirigida a Croacia, una cosa que me da tanto miedo y me devora, no me deja hablar, ser, tener una oportunidad, sólo se come lo que no es sí misma, lo que no es Miha, lo que no he probado arrancado degustado arañado de Miha, lo que sí he probado arrancado degustado arañado de Miha, todo esto de lo que él se reiría y yo también, si no supiera porque sé lo que significa mi deseo, lo que bendice mi deseo.
Necesito salir de este cuarto, recorrer el frío y las luces, recorrer la posibilidad, no quiero quedarme aquí esta noche aunque desfallezca, quiero recorrer el frío y las luces, el miércoles de enero, quiero bajar a la ciudad, tener la ciudad bajo mis zapatos, pero estoy tan cansada, tan cansada de sentir, necesito una tregua pero me da miedo darme una tregua, quiero estar en la brecha, pendiente de cada milímetro de mi piel, de su piel, cada curva en sus movimientos, cada pestaña, párpado abierto, párpado cerrado, pendiente de su risa, pendiente de sus manos, pendiente de sus pendientes, del ruido que hacen los míos, quiero recapitular cada segundo cada instante cada aliento palabra pelo, quiero una crónica externa, una película, una novela, una visión aérea de un croata caminando, abrigo desabrochado, manos de croata, manos de Miha, un plano cerrado de una espalda concentrada en mis manos, quiero un eterno retorno, quiero un eterno eterno retorno, soporto mi operación de oreja mil años si me dan mil años de anoche, soporto mil años de septiembre del 93 si me dan mil años en la fuente de la Mariannenplatz, si me dan mil años croatas por cada segundo croata, hoy podría cambiar mil años de cualquier cosa no croata por mil años de Miha entre mis piernas. Sin duda exagero y qué, sólo escribo porque si él supiera que escribo esto quizá me pediría que me quedara y se olvidaría de la basura del amor de una sola noche, yo soy el amor de sólo tres noches, ésa es mi especialidad, y si anoche fue la segunda, qué será la tercera, esa tercera que sé que no tendré pero que sin embrago me impele a quedarme en la misma ciudad en la que ella podría tener lugar, la ciudad en la que ella podría nacer crecer y morir con el amanecer, el despertador, el desayuno, un croata recién salido de la ducha, de la noche, una loca pensando en la inevitabilidad, en la oportunidad de un tercer round, en la legalidad de un tercer y último round. Me tengo que quedar en la ciudad en la que podría haber otra noche de Miha para mí, otros cinco minutos de Miha para mí, una leve imagen de Miha para mí, el nombre de su estación, sus magníficos zapatos, su incalculablemente valiosa barbilla, aquí tengo que permanecer remain rester ficar, hasta que me sea posible, hasta el tercer y último round, hasta la consumación de mi deseo asesino y resucitador, hasta que Miha vuelva a rendirse, hasta que Miha vuelva y me dé permiso, pero no es él el que se rinde, yo me rindo y le doy permiso para que me dé permiso, para no terminar nunca de esperar que llegue la siguiente vez, otra vez, otra Miha vez, otro plano de mi vida agazapado en un croata tan alto que soy su cintura.
Jueves por la mañana. Ya estoy más apaciguada, resfriada y hoy sí que nieva, así que se me enfría un poco el croatismo y empiezo a pensar con lucidez. Quizá no con la suficiente lucidez pero sí un poco más lejos, coloco las sensaciones en sus estantes racionales, clasifico, ordeno, veo, me puedo tranquilizar y que me apetezca tomarme un tazón de leche, ir al supermercado y cocinar un leve almuerzo que me soporte en este último completo día en Munchen, porque será el último, pase lo que pase, with or without tercer asalto, con o sin dernière chance, despacio me peino la melena llena de enredos y descuidada de estos días, mi melena espiritual desbordada; pero aún así mis ganas no están ni muchísimo menos muertas, podría hacer una fastuosa cena para setenta y cinco personas, con todos los aditamentos y cosas innecesarias, ciento cincuenta botellas de vino, el brillo de sus ojos casi líquidos. Es jueves y hoy vamos a cenar a casa de la francesa que Casto se agenció en un portal el sábado la nuit y que nos sirvió a tantos de excusa, estarán allí Miha (Miha), su amigo griego, seguramente Carlos portugués. Hablaré francés y estaré à l´aise, tengo ganas de divertirme y llevarme conmigo mi última noche en Munich, mi último croata en Munich.
A Casto le han dado el otro piso, así que se mudará a mediados de mes. No tendré tentaciones de volver, porque ni recibiré invitaciones del castillo Murkovic en Michaelibad ni yo las podría aceptar, hay que dejar las cosas buenas reposar en su bondad, no sentiré la tentación de perfeccionar mis perfectas dos (o tres) noches croatas, ni de dejar una huella más honda que mi tacto de una vez.
Llevo todo el curso clamando por un cambio en mi página incomprendida, todo los octubres y noviembres y diciembres poniendo piedras para tropezarme y voilà, ahora ya he derribado mi muro, ahora ya tengo que cambiar de vereda, ser cosmopolita y ciudadana, dejarme de paraísos imposibles, ir a París, alquilar una casa en Almería, comprarme tailleurs para trabajar, tener vasos de cristal verde y grueso, dejar de comprar libros y leerme todos los que tengo, viajar más, coleccionar días de vacaciones, pasearme por la ciudad sin mirar los escaparates, pertenecer a la ciudad, crear lazos. Tengo mi edad y aún así estoy viva y no tengo que pagar una hipoteca, me muevo, no dejo que el techo me aplaste o se caiga sobre mi cabeza, no dejaré que mis techos me aplasten la cabeza. Ahora escucho a los G´N´R, me acuerdo de lo que me gustan y de los mucho que necesito los Use your illusion y una ducha, pero espero a que termine la lavadora de Casto y a descansar un poco mis ojos levemente febriles y ampliamente cansados.
Voy a tener que hacer una labor de arquitecto para tener buen aspecto hoy, aspecto que necesito para convencer a un croata de que soy una buena opción para pasar la noche y que se olvide de esas cosas raras que dice de las historias de una noche. Quizá es sólo que no le gusto, debiéramos considerar esa opción. Vale, la considero: entonces necesito un buen aspecto para quizá gustarle, sólo por hoy. Aunque hoy es jueves y ya no me siento tan impelida a derramar palabras y jugos, cuando volvamos a ver a Miha volverá a entrarnos la desazón comezón. No podré olvidar en ningún momento cuál era mi objetivo: tocar a un croata, y ese objetivo está cumplido y no queremos que se vaya a la mierda por un capricho o unas ganas de más, así que seremos cuidadosos para que nuestro toque del croata permanezca sutil y leve en su piel y en su vida, seremos no arquitectos sino buenos artesanos para que el bordado y el encaje de estos días no se llene de nudos y malas hierbas, lo más importante es saber cuándo parar de pintar, cuándo el cuadro inacabado está en su perfección, sur le champ se verá. Ya he dicho que hoy estoy tranquila, me quedo sólo para embalar el lienzo.
Cocinar me devuelve a la vida que no es desordenada y sexual, la vida en la que se cortan cebollas y se sofríen y eso es vivir, necesito este reposo en la cocina, este sentarme sola en alguna superficie de la casa e ingerir lo que yo he misma he preparado, caliente y con sabor, reconfortante y mío para mí.
Hablo, hablo, hablo, pero estoy tan ansiosa como un opositor, dios mío, el sexo es sólo sexo, vale, pero me mata, me retuerce el corazón, no puedo esperar hasta las nueve para ver a ese señor croata que me ha puesto la casa bocabajo, lo llamo, no lo llamo, la perspectiva de un no de su boca (su boca, su boca, su boca), me paraliza y me resquebraja. Ya lo llamé el lunes, debería ser el quien me llamara para pedirme un paseo, un café, un polvo antes de cenar, si lo llamo yo todo se desvirtuará, todo el cuadro se dolerá en esa mancha, Miha, por dios, ten ganas de verme, una pequeña gana de verme, Miha, por dios, mírame al verme, tuerce tu cabeza de croata, ríete al verme, piensa que estoy loca, Miha, lo que sea, pero piensa algo cuando me veas, reconóceme, sabe que soy yo, Miha, acércate a verme, Miha, lo que sea, a las nueve.
Pero
seguramente Miha no tiene ganas de verme.
Además
ya no queda misterio alguno en mi cuerpo español para un cuerpo croata.
Pero
quién quiere el misterio y la espera cuando sólo nos queda una noche, un round, o ningún round.
Pero
quién quiere no pasear con un croata bajo y sobre la nieve.
Pero
Miha no espera hasta las nueve.
Pero
no será hasta las nueve que él me vea.
Tengo que beber litros y más litros de agua, estoy sedienta en mi desierto de deseo descarnado, a hueso limpio y calcinado, me visto, me canto esta canción, bebo agua, me quemo los ojos frente a la pantalla, espero y espero hasta las nueve, espero entrar en una casa francesa desconocida, una casa con gente que conozco, un croata que conozco, pero él, ¿me conocerá? Sí, la noche será para mí, mi noche de mirar y observar, mi noche de anotar y contemplar el comportamiento croata cuando ya todo está consumado, mi noche de saborear la perspectiva de que sea él el que proponga el tercer round, la última vez, puede que algún Miha venga hasta mí cruzando una habitación y me mire y yo pueda ver que Miha se acuerda de mí y quiere tocarme un poco más, puede que Miha quiera que me pasee desnuda por su casa una vez más, puede que Miha quiera mirarme ligeramente apoyada en la mesa de su ordenador, puede que Miha sí quiera verme hoy a las nueve, puede que Miha. O puede que no, pero qué importa, ahora
camino sobre el césped mojado con mis sandalias rojas, mi delgadez tersa y dura, compacta, mis músculos preparados, mi corazón preparado, mi respiración, mis suspiros preparados, mi vida preparada a derramarse en el cauce croata, qué importa si fueran las nueve y él ni siquiera hubiera llegado, si él no tuviera prisa o ganas de verme, qué importa, me voy mañana, nunca más veremos a Miha pero al menos no tendremos que cargar con el yugo de sus ojos, así que esta noche me sentaré y miraré, seré contenta porque estoy contenta y despeinada, he cocinado para mí, he comido, he estado seriamente resfriada durante una hora, bebo agua como si fuera el principito, qué importa si yo sólo quiero caminar blandamente hasta la fuente croata. Son las seis y veinte, faltan dos horas y cuarenta minutos para ver un abrigo de Miha colgado en una percha.
Qué vicio escribir y este sentido de self-importance, quizá porque yo soy lo único que yo tengo, me gustaría poder escribir algo que no fuera yo, como Miha diciéndome que recuerda que yo cantaba el domingo en su casa en alguna parte, pero no puede recordar si yo o él estabábamos en la cocina, o en el cuarto de baño, sólo recuerda que yo cantaba y que él no entendía la letra pero que era bonito, y Miha también dice, en su esculpido y perfecto inglés, en su sorprendente inglés mil veces mejor y más tentador que el mío, Miha me dice que en su piso de estudiante, en su disco duro, en su norte de Croacia, en sus veinticinco años, en la feria de Málaga donde quiere ser el terror de las españolas del sur, y en el inglés que habla Miha escucho que me pregunta cómo son las malagueñas, si todas las del sur son como yo, y no sé qué decirle porque yo estoy loca y no hay nadie como yo, me dan ganas de decirle, Miha, niño, ninguna te escribirá veintidós hojas como éstas, ninguna te esperará hasta las nueve, aunque sé que será mentira, me gustaría decirle, Miha, a ninguna se le derretirá lo establecido y el estanque como a mí, Miha, con ninguna será eso que llamas just sex la desesperación por sobrevivir que es conmigo, Miha, a ninguna la matarás como a mí, Miha, pero será mentira, el sexo es sólo sexo, y el verano será sin nieve y sin Munich, todas son como yo, todas están locas, todas las mujeres estarán convertidas en líneas recorribles cuando tú las toques, todas las mujeres serán como yo porque just sex y son las siete menos diez.
¿Seré buena, seré grandiosa, seré suficiente siendo lo que soy? ¿Seré tocada aún estando cansada, enferma, loca? He acabado con el paquete de galletas rellenas de naranja, he acabado con el paquete de la inquietud, ahora tengo frío, me pongo un jersey, me gustaría ponerme mejor un croata pero son las siete cero seis, falta mucho para la hora del croata, quizá falte siempre para que llegue la hora del croata.
Miha me miró y dijo que no. Así que ahora es por la mañana y tengo un franco resfriado, ganas de irme y recomenzar, ganas de fantasear porque al final me llevo el yugo de sus ojos. Casto me ha dado un Gelomyrtol cuando lo que necesito es un Mihamyrtol. Si pudiera contaría el piso de las francesas bisexuales, Miha moaning al besarme, contaría que él estaba tan ajeno y tan secreto excepto cuando a veces me miraba un segundo, dos segundos, cuando Miha anoche me miró un segundo o dos segundos o un minuto entero en el que me dijo que no siete u ocho veces, Miha anoche kissed me goodbye, a proper kiss, contaría Miha humming al vesarme con propiedad y ganas y Miha diciéndome que no al mismo tiempo, will I be good después de la noche nevada en Munchen, después de que Miha me vesara goodbye e hiciera su leve enano precioso ruido al besarme, I mean a proper kiss.
Anoche Miha y yo no estábamos ni estuvimos juntos, cuando volví a casa en el tram y Casto me hizo una foto con la bufanda en la cara, Miha y yo no habíamos estado juntos. Si hubiésemos tenido un tercer y último round hubiera sido como esta canción y el fin de mis días, así que podría decir que tú, croata, tenías razón y está bien que tú también digas por favor, al menos y al menos me llevo tu beso y tu humming y tu falso por favor que me servirá como un por favor verdadero y me mantendrá despierta en el autobús, despierta muchacha de ojos cerrados y gran resfriado, frío en las articulaciones y en el corazón, frío en el área reservada para croatas que ha quedado desierta toda la noche y el resto de la vida. También me quedo con:
Miha me dice que estoy loca.
Miha me da un terrón de azúcar en español.
Miha me da la mano entre la gente del Cohibar antes de irse.
Le doy a Miha un veso de despedida y es un gran veso desde cualquiera de los ángulos de Munich en el que se viera.
Miha contesta a mi mensaje con maneras de conde ruso que acaban conmigo.

Vuelvo a ser la LouLou que fui, la sin pudor que se pasea sin bolsas, con la mercancía a la vista, le mandaré a Miha un link por si algún día aprende español, porque, total, ya que esto no sirve para nada quizá sirva para que su orgullo croata se crezca y triunfe en la feria de Málaga.
Generoso pan con mantequilla, con salchichas alemanas, de eso me alimento porque ahora que me voy vuelvo a tener hambre. Ahora que me voy y no volveré y todo se acaba y todo empieza. Me llevo un completo domingo en casa de Miha enfermo, me llevo un martes por la noche y una noche sin dormir, me llevo mi maleta tal y como vino, sólo Jesús y Úrsulo tienen esta dirección, quizá se la dé a Miha, pero a Miha no le puedo mandar un mail, Miha ya no existe, Miha sólo está en LouLou de viaje, Miha para siempre desaparecido, Mija en un jpg.
Me he despedido de Uwe que me ha prometido invitarme a El Faro si cuando vaya él a Cádiz este verano estoy yo allí. De Croacia a Cádiz sin pasar por caja. Si se hiciera una peli de esto la despedida de Uwe sería una buena última escena.
Dejo tantas cosas sin contar, dejo al griego ofreciéndome su piso en francés el fin de semana, él se va a Grecia, el paseo turístico inventado con Casto, dejo tanto Miha sin contar, tantas conversaciones con Dani sin contar, mi delgadez de Gwyneth sin contar, pero no importa porque ya me voy, tengo que ir al centro ahora, hacer la maleta de nuevo, ducharme, instalarme en mi viaje. Así que lo no dicho no importa y será mío, será Miha.
Ocho y veinte. Estamos en esa zona que hay siempre antes de salir en la que las cosas importan un poco menos o parece que es fin de año y se está a medio vestir pero no importa, hay que terminarse la cena, hay que salir, hay que morir.